El amor después del amor

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El dolor de un duelo no se parece a ningún otro. Se lo suele intentar negar o disfrazar, pero la pérdida de un ser amado exige toda la atención del alma. Si se acepta ese reclamo, uno descubre que el amor no se fue con el ausente. Y que sentirlo sigue siendo, a pesar de todo, un privilegio.

Desde que mi mamá murió, el mundo está lleno de sorpresas: el sol sigue pintando el día de naranja y oro, como ayer. El viento sopla igual de caliente. Las hojas siguen desvistiendo a los árboles con esa parsimonia de otoño tardío. La lluvia, otra vez, le arranca al pasto aromas primitivos. Los autos corren, los chicos ríen, los gatos se acurrucan a dormir. Los noticieros de la noche dan cuenta del mismo país de siempre. Nada cambió, pero el mundo es otro.

El duelo es como una repentina enfermedad con síntomas desconocidos. Por momentos el dolor se traga todo el aire, encoge los hombros, arrastra los pies, apaga la mirada. Y por instantes, contra todo lo esperable, se transforma en otra cosa que en lugar de apagar, aviva; una extraña urgencia que enciende los tonos del cielo, acelera el pulso, despabila. Como si al perder lo esencial uno pudiera acceder a dimensiones insospechadas del alma. Como si de golpe se esfumara del planeta toda rutina, toda chatura, toda esterilidad. Como si el amor por la persona perdida de pronto desbordara los límites de ese nombre, ese rostro, ese cuerpo, para abarcar al universo entero.

Y entonces, uno descubre que el amor después del despojo gobierna hasta los actos más nimios: mirar la lluvia, caminar, tomar de a sorbos una taza de café. Cada uno, un pequeño homenaje. Cada uno, una ruta directa a algún recuerdo. No a los grandes recuerdos; a los pequeños detalles irrelevantes que son, que fueron, una persona. Que le encantaban las mandarinas después de la primera helada. Que amaba, más que nada, los abrazos. Que odiaba el frío, las esperas y todo lo que exigiese paciencia o quietud. Que bailaba ante la menor provocación. Que gozaba de la sinfonía de una casa llena de chicos, ese ir y venir con platos de sopa y tazas de café. Que no se aburría de mirar a sus nietos. Que aspiraba a la humildad pero le encantaba el lujo, lo rico, lo descomunal. Que huía del silencio, y arrastraba a su paso remolinos de aire.

Otras culturas saben dar espacio a este dolor único: en una tribu africana, la comunidad entera participa de cuatro días de ritos funerarios en los que la pena se corporiza en bailes, cantos y frenéticos tambores, y cualquiera que en esos días pase por la aldea se une a la ceremonia, en señal de que la vida siempre se detiene ante la muerte.

En otra tribu africana, los que han perdido a alguien cercano se pintan en el cuerpo un complejo diseño que relata quién murió, cómo y cuándo, para que cada uno que se acerque sepa en qué estado particular del alma se encuentra esa persona. Los judíos pasan la primera semana tras perder a un ser querido en el shiva, período en el que no se deja la casa ni un minuto, se tapan los espejos, se suspende toda obligación y se usa una prenda desgarrada como símbolo del corazón roto. El tiempo se dedica a recibir las visitas de los conocidos, que tienen indicado cuidar, acompañar y escuchar, sin intentar distraer. Los antiguos que dieron forma a este rito sabían que de nada sirve tratar de escapar del desgarro de esos primeros días de luto. Intuían que, si se evita, el sentimiento sólo vuelve más tarde con más fuerza y encono.

La sociedad occidental moderna, en cambio, tiende a querer ignorarlo. Intentamos volver cuanto antes a “la normalidad”, como si tal cosa existiera todavía. Y uno se esfuerza por hablar, mirar y caminar como si aún se encontrase inmerso en el mundo, y no en ese otro diálogo tan íntimo y crucial, ese diálogo mudo que tiene un inicio en el tiempo, pero no tiene un fin.

Casi todos vivimos construyendo fuertes para protegernos del dolor, muros para encerrarlo, conjuros para ahuyentarlo. Y ante una muerte cercana, el miedo se confirma: el primer impacto es demoledor. Pero al tiempo uno da cuenta de que el dolor de haber amado tanto, de seguir amando tanto aunque ya no esté con uno el objeto de ese amor, es un camino privilegiado para el alma. Porque poder seguir amando con la misma entrega ante la ausencia se parece un poco a vencer a la muerte. No. Se parece un poco a amar la vida.

Fabiana Fondevila

Publicado originalmente en la revista Viva, el 21 de abril de 2002.

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8 comentarios en “El amor después del amor

  1. Muy justa tu descripción de esos momentos, también creo acertado sobre el tiempo que hay que darle al proceso del duelo. Gracias.

  2. El dolor de perder a un ser amado es una cicatriz que jamás cerrará, siempre estará sangrando, hay seres amados a los que uno pierde con resignación, hay otros que ante la pérdida parecen en un primer momento imposibles de superar para regresar a la vida normal.. pero se regresa. Pero están los seres que se nos van y con ellos también nos fuimos nosotros, nuestra esencia se fue con ellos, nuestra vida y nuestra razón de vivir jamás volverá a recuperarse, quien diga lo contrario será una suerte para esa persona.. porque jamás lo vivió y ojalá ningún ser de esta tierra tuviese que vivir tan mortal pérdida.

    1. Querida Sonia,
      Lamento muchísimo el dolor que estás atravesando, y te acompaño de corazón.
      Es cierto que las personas amadas que perdemos nunca se van del todo (por fortuna), pero con mucho trabajo interno, mucho acompañamiento y mucho amor, es posible -con los años- empezar a recordarlos con más alegría y menos desgarro. La razón de vivir es la vida misma, y si podemos sanar el primer dolor acuciante, esa fuerza vital termina por imponerse. Recibir y agradecer ese llamado de la vida es la mejor forma de honrar a los ausentes.
      Deseo que encuentres paz y sosiego en el amor que te rodea. Muchas gracias por la confianza de tu mensaje.
      Fabiana

      1. Mi querida nueva amiga Fabiana, en primer lugar debo aclararte que yo no he sufrido el desgarro de semejante pérdida, me refería a perder un hijo, he conocido en 63 años de vida muchos casos lamentablemente, pero 5 de ellos terminaron con la vida de esa mamá en el término de tan solo un año, todas tenían familia, mas hijos, esposos, madres, amigos, pero no lo soportaron.
        En mi caso puedo testimoniarte como una verdad absoluta que nuestros seres queridos de verdad no se van de nuestro lado, mi padre murió un 6 de Noviembre de 1997, yo estaba loca, el día 16 de enero siguiente encontré en su tumba y teniendo como testigo a mi madre y un cuidador una cadena y una cruz, yo pedía que me mandara una señal, ese encuentro no significa nada, pero al tomarla yo sentí calor en mi mano, esa noche me puse a diseñar una reja con un símbolo muy especial en señal de protesta a Dios, “El árbol de la vida”, eran las dos de la madrugada, de pronto sobre una cenefa superior en el living que da pegado al techo, donde no hay nada que reflejara luces ni sombras, ni vidrios de ventanas, ni cuadros con vidrios ni ninguna superficie reflectante, salieron de esa pared una inmensidad de algo así como bolas de cristal rojas incandecentes de todos los tamaños que iban y venían de un lado a otro de costado a costado, esto habrá durado quizás un minuto, luego desaparecieron metiéndose nuevamente en la pared. No tuve miedo, mi ser estaba bajo una tranquilidad única, terminé de diseñar el árbol y su entorno de rejas, luego te dejo el link donde lo expongo junto a otras cosas. Un año mas tarde siendo las 23 hs., en dormitorio con todo cerrado y luz apagada, sobre las puertas del placard nuevamente aparecen los cristales, mas pequeñas y menos cantidad.
        En el año 2007 matan a mi madre en un geriátrico, una hora antes que me llamaran que concurriera urgente porque ella estaba agonizante, salta una agenda desde la parte de atrás de un estante, la agenda cae sobre el lomo de una de mis perras, a la hora suena el TE, a la madrugada mi madre fallece.
        Exactamente al mes, el día 25 de Agosto de ese año, salta la misma agenda del mismo estante y desde la parte de atrás al suelo, perdón, me olvidé, también salta un mini-arbolito navideño.
        Si todo este testimonio se puede publicar, te concluyo contándote que hacia 2 años yo había comprado esta casa para regalarle el jardín de rosas a mi madre como el que ella nos hacía disfrutar cuando chicos, no pudo ser por su enfermedad, tuve la desgracia de tener que internarla, pero esa primavera del 2007, ella fallece el 25 de julio, ese Setiembre y de ahí en mas.. Dios!!! se produce un milagro en mi jardín, como jamás en mi vida vi semejante despliegue de rosas y flores, sentí que Dios me concedió la presencia de mi madre en forma de flores, este testimonio también está en mi SkyDrive con las fotos que muestran y el texto donde cuento todo lo que ocurrió. Nunca mas volvió a florecer como ese año, si! dediqué un escrito en su honor y este jardín desde ese día se llama Leo’s Garden. También hay una pequeña estatua de una niña a quien llamo Heidi, porque mi madre era como ese personaje, que tiene muchos perritos a su alrededor, ella era así, una mujer´-niña.
        Si es demasiado extenso, si no considerás que pueda ser publicado, no te preocupes, quería contarte mi experiencia.
        Algo de esto creo que también lo he comentado en WordPress.
        El link donde está la reja es: https://picasaweb.google.com/110845580157935874363/MisFuentesDeAguaUnaPasionQueNacioEn1999?noredirect=1#5788537176216928674, solo como testimonio de mi rebeldía a ese cruce de fronteras, pero creo que Dios se apiadó de ambos y estimo que nos dio permiso bajo esa forma de volver a contactar…
        Se que es muy extenso, no te preocupes, quería que tuvieras un testimonio mas que ellos algunas veces se quedan con nosotros.. también que esta no es ni la primera ni la última forma de vida en que estaremos construyendo un espíritu a superar.
        Sinceramente:
        Sonia Nidia Apicella

      2. Querida Sonia, Te agradezco muchísimo tu mail y todo lo que en él me narrás. No dudo de que nuestros seres queridos nos visitan, a veces con símbolos y señales, como te pasó a vos, a veces en sueños o pensamientos, pero que están, están. Imagino el impacto de todas las vivencias que me narrás, qué fuerte! Preciosa además la fuente que me compartís, te felicito! En efecto, es un poco extenso el mail para publicar en el blog, pero disfruté de leerlo y te lo agradezco sinceramente. No sé si estarás en contacto con mi Facebook (hay gente que llega al blog desde ahí, y otras que hacen el camino inverso), te la paso por las dudas, porque ahí subo cosas a diario, y algunas pueden ser de tu interés (ya que veo que compartimos sensibilidades): http://www.facebook.com/pages/La-Usina-M%C3%ADstica/356867051086045 Otra vez, gracias por la confianza de este relato tan conmovedor. Estamos en contacto, un gran abrazo, Fabiana

      3. Muchas gracias por toda tu atención Fabiana, si, te conocí por el face, cuando esté con algo mas de tiempo te volveré a contactar.
        Reintegro gran abrazo y hasta muy pronto. Sonia

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