La más férrea resistencia

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Etty Hillesum fue una joven holandesa que murió en Auschwitz en 1943. Igual que Ana Frank, consignó sus pensamientos, sus temores y sus esperanzas en un diario que fue publicado tras su muerte, y que hoy forma parte del libro “La escritura como resistencia: cuatro mujeres se enfrentan al Holocausto: Edith Stein, Simone Weil, Ana Frank y Etty Hillesum”, de Rachel Feldhey Brenner.

Etty (Ester) era una joven brillante, apasionada por los libros, la escritura y sus estudios de filosofía. Cuando estalló la guerra estudiaba psicología, y había conseguido trabajo como dactilógrafa.

Lejos de escaparle a los acontecimientos, Etty se dedicó a documentarlos. Y mientras pudo, se las ingenió para ayudar sin medir riesgos ni consecuencias. Encontró una manera de colaborar con la resistencia: de agosto de 1942 a septiembre de 1943, se ofreció como enfermera voluntaria en el campo de concentración de Westerbork. Como tenía un permiso especial para viajar, volvía con frecuencia a Amsterdam, llevando y trayendo cartas y mensajes de los prisioneros, y consiguiéndoles medicinas. Durante este período de miedo y padecimientos, escribió en su diario: “Las amenazas y el terror crecen día a día. Me cobijo en torno a la oración como un muro oscuro que ofrece reparo, me refugio en la oración como si fuera la celda de un convento; ni salgo, tan recogida, concentrada y fuerte estoy”.

Poco después, cuando las deportaciones de judíos se volvieron masivas, Etty decidió que resistirse era inútil, se rehusó a esconderse y se entregó a las autoridades nazis junto a sus padres y hermanos. Para ella, era tanto aceptar lo inevitable como solidarizarse con sus hermanos y hermanas judíos ya deportados.

Primero fue internada en Westerbork, y al poco tiempo, trasladada a Auschwitz, para nunca más volver. Las últimas entradas del diario se debaten entre la esperanza y una inconmensurable fortaleza para aceptar su destino: “Quisiera vivir muchos años para poder explicarlo posteriormente. Más si no se me concede este deseo, otro lo hará; otro continuará viviendo mi vida, desde donde terminó”… “Si llegase a sobrevivir esta etapa, surgiré como un ser más sabio y profundo. Más si sucumbo, moriré como un ser más sabio y profundo.” 

Pero sin duda el fragmento más memorable, el que aún hoy inspira esperanza y cobijo a todo quien lo lee, fue escrito de puño y letra un año antes de su muerte, a los 27 años: “Cuando tienes una vida interior no importa de qué lado del muro de la prisión te encuentras… He muerto mil veces en mil campos de concentración. Lo sé todo. No hay información nueva que me acongoje. De una forma u otra, ya lo sé todo. Y, sin embargo, encuentro esta vida hermosa y llena de sentido. En todo momento.’

¿Qué resistencia más firme contra el odio y al horror que negarse a repudiar la vida?

Saberse íntegro

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Rachel Naomi Remen, oncóloga, autora y pionera del movimiento por la humanización de la medicina, ha tenido incontables oportunidades de explorar el significado de la salud y la enfermedad. Convive con la durísima Enfermedad de Crohn desde que tiene recuerdo, ha sido intervenida quirúrgicamente decenas de veces, y en el camino ha superado uno tras otro desafío. Cómo médica, empezó -como todos- intentando amoldarse a lo que se esperaba de ella: eficiencia, profesionalismo, distancia emocional. Pero su sensibilidad fue más fuerte, y pronto se dio cuenta de que esta actitud no le servía a sus pacientes, y menos aún a ella misma. Se sentía cada vez más divorciada de su tarea, más lejos de poder ayudar verdaderamente a las personas que acudían a ella.

Terminó por entender que una cosa es curar el cuerpo, y otra muy distinta ayudar a la persona a sanar. Lo primero proviene de una intervención externa, en la cual el paciente tiene poca o ninguna participación. Lo segundo apela a aquel lugar en el que la persona ya está sana, ya esta íntegra, y nunca ha dejado de serlo.

Escribió el poema que a continuación comparto en un momento oscuro de su vida. Dice hoy: “En ese entonces, deseaba que fuera cierto. Hoy, 34 años más tarde, sé que lo es. Es cierto para mí, y es cierto para todos aquellos que alguna vez han sido heridos.” Así dice:

“oh cuerpo –

por 41 años
1.573 expertos
con 14.355
años de entrenamiento combinado
no han logrado

curar
tus
heridas.

Adentro,
en lo profundo,

estoy
entera.”

Por qué me levanto temprano

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Hola, sol en mi cara.
Hola, tú que hiciste la mañana,
y la esparciste sobre los campos,
y en las caras de los tulipanes,
y en las campanas violetas
de la enredadera, que sacuden sus cabezas-

y en las ventanas, incluso,
de los afligidos y los malhumorados.

mejor predicador que jamás existió,
querida estrella, que justo resulta estar
donde está en el universo
para mantenernos a salvo de la oscuridad
para aliviarnos con su toque cálido
para sostenernos con sus grandes manos de luz –
buen día, buen día, buen día.

Mira, ahora, cómo empiezo el día
con alegría, con bondad.

Mary Oliver

Bailar a solas

Una imagen del fabuloso Salar de Uyuni, en Bolvia, nos recuerda la importancia de hacer lugar a la expansidad y la alegría en nuestras vidas. ¿Por qué esperar a ocasiones especiales para cantar, bailar, o expresar de algún modo, con el cuerpo y con el alma, el placer de estar vivos? ¿Por qué no empezar hoy?

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Otra manera de soñar

El libro “Cantos de los Pieles Rojas”, de José J. de Olañeta, recoge rezos y versos de diversos pueblos originarios de América del Norte. Los muchos cantos inspirados en los sueños dan cuenta de que el mundo onírico tenía para ellos un peso que en las sociedades modernas ha perdido. En las imágenes nocturnas ellos veían símbolos, presagios, revelaciones y profesías. También gracia, belleza y poesía. Comparto hoy una estrofa del pueblo Wintu, que habita aun hoy el valle de Sacramento, en el norte de California.

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El verdadero milagro

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“Nuestro verdadero hogar es el momento presente.

Vivir en el momento presente es un milagro.

El milagro no es caminar sobre agua.

El milagro es caminar sobre la Tierra verde en el momento presente,

apreciar la paz y la belleza que están disponibles ahora mismo.

La paz está en todas partes

-en el mundo y en la naturaleza-

y en nuestro interior-

en nuestro cuerpo y en nuestros espíritus.

Una vez que aprendamos a tocar esta paz,

seremos sanados y transformados.

No es una cuestión de fe,

es una cuestión de práctica.”

Thich Nhat Hanh