Buen viaje, maestro

El domingo 17 de enero partió Stephen Levine, amado maestro de tantos, quien compartió junto a su compañera Ondrea un vínculo que hizo escuela. Era hermoso saberlos ahí, recluidos en su casa de montañas y silencio, ejerciendo ese difícil arte: el amor incondicional. Lo sabía enfermo desde hace rato, pero algunas personas se hacen sentir eternas. Esto dijo él de su práctica diaria con Ondrea, a la que dedicó un libro (Abrazando al Amado): “Cuando uno se compromete con prácticas que aclaran la mente y descubren el corazón -la presencia, el perdón, el amor incondicional- aquello que alguna vez pareció imposible de abordar bien puede convertirse en el centro mismo de la relación”.
Maestro de la compasión, la meditación, el arte de morir, y sobre todo el arte de vivir, deja un legado exquisito. Lo recuerdo con una poesía y un artículo, que dejan en claro a qué bandera dedicó su vida.

Mis reverencias para Ondrea y su dolor, que sabrá convertir en regalo. 
Para el maestro, mi gratitud. Que el viaje sea dulce.stephenandondrea-730x400

Oración escolar

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En el nombre del alba

y los párpados de la mañana

y la luna nómade

y la noche cuando parte.

 

Juro que no deshonraré

mi alma con odio,

sino que me ofreceré humildemente

como una guardiana de la naturaleza

una sanadora de la pena,

una mensajera del asombro,

una arquitecta de la paz.

 

En el nombre del sol y sus espejos

y del día que lo abraza

y de los velos de nube que lo cubren

y de la noche más lejana,

y del macho y de la hembra

y de las plantas rebosantes de semillas

y de las estaciones que coronan,

de la luciérnaga y la manzana.

 

Honraré a toda la vida

—donde sea y en cualquier forma

que se presente—en la Tierra, mi casa,

y en la mansión de las estrellas.

 

Diane Ackerman

 

Traducción: Fabiana Fondevila