Plegaria

luna clara firmada

Que podamos ser fieles a la alegría del cuerpo, cuya forma es el abrazo.
Que podamos dar cobijo, amparo, sustento. Palabra, caricia, reparo.
Que podamos albergar el miedo, la tristeza, el enojo, esos hijos huérfanos en busca de abrigo.
Que podamos celebrar a los que no están, porque ya nada puede quitárnoslos.
Que podamos decirnos lo indispensables que somos, unos para otros. Y como -aun sin tenernos-, nos tenemos.
Que podamos soltar lo que no pudimos, y ver la ternura en los intentos.
Que podamos perdonar y perdonarnos, como quien suelta una piedra a un río brioso, que fluye de todos modos.
Que podamos reconocer el amor que somos, aunque no lo sepamos y apenas lo expresemos.
Que podamos ver ese amor multiplicado en el gran prisma de corazones (los más cercanos, los más lejanos).
Que podamos vivir en el asombro, ya que sobran las razones:
porque el sol, porque la luna, porque nosotros.
Inmensos, minúsculos: uno.

F.F.

 

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Taller de verano: Las doce escalas del viaje

viaje 3

El inocente. El huérfano. El guerrero. El cuidador.

El buscador. El amante. El destructor. El creador.

El regente. El mago. El sabio. El loco.

Doce energías que nos atraviesan, doce formas de estar en el mundo, doce arquetipos fundantes. Cada uno aporta virtudes, habilita una diversidad de experiencias y ahonda nuestra visión de la vida. Y, a la vez, contiene una sombra a la que conviene observar, para no terminar encarnando lo opuesto de lo que buscamos.

Estos doce arquetipos, descriptos por la educadora Carol Pearson sobre la base de la obra de Carl G. Jung y Joseph Campbell, forman parte del Viaje del héroe, esa aventura que todos emprendemos alguna vez, o muchas, en busca de nosotros mismos. Cada uno tiene una correspondencia con cierta etapa de la vida, y con las dimensiones del Ego, el alma y el Sí mismo, que en ellas se manifiestan.

En febrero, dedicaremos tres jornadas a explorar las cualidades esenciales de estos arquetipos, y nos detendremos a ver cómo se expresan -o no- en la vida de cada uno. ¿Hay arquetipos sobre-activos, que estén actuando por nosotros? ¿Hay alguno que nos habite en forma elemental, y que necesite evolucionar? ¿Cuáles arquetipos tenemos “en sombra”, sin poder disponer de su energía?

Este taller es para quienes quieran conocer en qué consisten estas energías. Para quienes ya las conozcan y quieran revisitarlas. Para quienes quieran desplegar, en el año que comienza, una energía en particular. Para quienes tengan el deseo de inaugurar el nuevo ciclo con más colores en su paleta (más opciones de conductas, actitudes, vivencias). Y, también, para quienes disfruten de intercambiar con otros impresiones sobre estas dimensiones que nos atraviesan a todos.

Los espero a todos!

Cuándo: el 3, 10 y 17 de febrero, de 16 a 19.

Dónde: En una casa con vista al jardín, en el Barrio Chino, Capital Federal.

Consultas e inscripción: ffonde@gmail.com.

 

Al encuentro con lo sagrado femenino

Tiger lily

Junto con la cantante y compositora Alicia Ciara, conformamos la Compañía de Artes Rituales, una usina de propuestas que apuntan al rescate de lo sagrado ancestral y del ejercicio de una espiritualidad cotidiana y cercana a la tierra.

Hoy lanzamos un nuevo proyecto, llamado ELLAS CANTAN, que invitará a mujeres a formar ensambles vocales, y a encontrarse con lo sagrado femenino a través del sonido de su propia voz, sonando en armonía con las de sus pares.

Cantar es, por su propia naturaleza, una forma de ir al encuentro con uno mismo. Cantar en grupo, dicen diversos estudios, tiene un efecto adicional: el de segregar “hormonas de felicidad” como dopamina, serotonina y oxcitocina, que ayudan a aliviar el estrés y la depresión, proteger nuestra salud y generar una alegría orgánica y genuina.

En este taller, aprovecharemos esos efectos e iremos un paso más allá, poniendo el foco en el rescate de cualidades tradicionalmente asociadas con lo femenino como la fluidez, la apertura a la emoción, la vulnerabilidad y la radiancia.

El repertorio que recorreremos será amplio, pero cuidadosamente seleccionado para el propósito que nos reúne. No es necesario tener experiencia musical previa, solo venir con muchas ganas de descubrir y descubrirse. Como corolario, ofreceremos los cantos amorosamente a quienes puedan necesitarlos.

Los encuentros serán los martes y jueves, de 19 a 21, en Belgrano, comenzando el martes 16 de enero. Inscripciones por mail, a artesrituales@gmail.com

A modo de invitación, les compartimos una canción llamada “Maybe”, de Robbie Robertson, que grabamos para ustedes, con la bella participación de Karen Thomas y Marina Do Pico (¡gracias!).

A no asustarse, que el trabajo grupal será en castellano.

¡Que la disfruten!

Fabiana Fondevila

 

La sombra, un conducto hacia la luz

La sombra

Ella es una exitosa coach norteamericana. Ayuda a las personas a realizar sus sueños y viaja por el mundo resolviéndole la vida a todo el mundo. Lo que sus clientes no saben es que es una gastadora compulsiva, y que vive angustiada por sus deudas. El es un maestro espiritual, amado y admirado por sus seguidores. Es un gran maestro, pero duda de sí mismo, e internamente compite con otros a los que percibe como más sólidos y más carismáticos que él.

¿Qué es la sombra? Es un concepto acuñado por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung que alude a todos aquellos contenidos psíquicos, y de nuestra personalidad, que no queremos o no podemos admitir en nuestra conciencia. Cualidades que nos asustan, que nos avergüenzan, que nos resultan inadmisibles o que contrastan con nuestros valores, son relegadas a esta zona oscura de la mente, que nos habita sin que lo advirtamos.

¿Cómo se crea la sombra? De niños, nos enteramos pronto de que hay conductas que merecen aprobación y beneplácito por parte de nuestros padres, y otras que despiertan reprobación y rechazo. A medida que crecemos, las partes rechazadas de nuestra persona se convierten en una suerte de mochila que cargamos sobre nuestras espaldas. En su libro A Little Book on the Human Shadow (Un pequeño libro sobre la sombra humana), el ensayista Robert Bly explica que, cada vez que de chicos escuchamos admoniciones como “Las niñas buenas no contestan”, “Los varones no lloran”, o “Sos grande para tener miedo”, emociones como el enojo, la tristeza y el temor, además de impulsos vitales, deseos y toda clase de proclividades naturales pasan a engordar esa mochila.
Pero ahí van a parar también cualidades positivas a las que renunciamos porque ‘pertenecieron’ a otro miembro de la familia (“mi hermana es la inteligente”, “mi hermano es el talentoso”), dones que fueron poco valorados (la vocación musical, la afición al deporte), y hasta virtudes como la ternura, la autoafirmación y la alegría, si en nuestra casa se priorizaba la firmeza, la obediencia o la seriedad. A estas cualidades positivas desheredadas se las conoce como “la sombra dorada”.

¿Cómo se expresa la sombra? Aparece en sueños, en actos fallidos, en chistes que revelan más que lo que queremos, en el arte que producimos. Cuando no encuentra otro modo de expresión, se revela en síntomas físicos (bruxismo, gastritis, jaquecas), psicológicos (culpas, fobias, neurosis, depresión, obsesiones) o conductuales (accidentes, malas decisiones, auto-sabotajes).

Uno de los principales mecanismos que utiliza la sombra para ocultarse es la proyección. Si no puedo permitirme sentir determinada emoción, o ver cierta faceta de mi personalidad, se la “adjudico” inconscientemente a otro, y así me libero de ella. Pero al ver esa cualidad en otro, me irrito, porque me trae al recuerdo esa faceta negada.

Veamos un ejemplo: si soy autoexigente y culposa, podría ver a una mujer tomando sol en una plaza un día de semana y pensar: “¡Qué barbaridad! ¿Cómo puede ser tan vaga?”. Si lo que tengo en sombra es la autoafirmación, podría ser que me indignen las personas que saben marcar sus límites. Si lo que tengo negado es mi femineidad, podría tener una aversión inconsciente por las mujeres, o por los hombres que se permiten expresar su costado tierno y vulnerable. La irritación no es señal de que en el fondo somos vagos, autoritarios o débiles, sino de que necesitamos soltarnos un poco las riendas en todas esas áreas: permitirnos descansar, poner algunos límites, amigarnos con nuestra vulnerabilidad.

La sombra dorada, por su parte, no se manifiesta con irritación sino con admiración exagerada. Si me fascinan las personas con dotes de liderazgo, es posible que haya en mí un líder que está pidiendo pista. Si me deslumbran los artistas, puede que albergue un creador que está necesitando expresarse. Si mi admiración es para quienes se dedican a dar servicio, es posible que no esté pudiendo ver el brillo de mi propia bondad.

Cuanto más reprimimos una cualidad, con más virulencia se expresa. Un caso extremo de proyección negativa es la cacería de brujas. La cacería comienza cuando una persona o un sector de la sociedad “pierde de vista” algún rasgo oscuro de su psiquis, y se lo adjudica a algún colectivo. Los casos más resonantes de cacería fueron verdaderos agujeros negros de la historia: la persecución de “las brujas” en la Europa del siglo XVII, de los judíos en la Alemania nazi, de los negros en el Estados Unidos esclavista, de las mujeres por los femicidas, de los homosexuales por los homofóbicos.

La proyección colectiva hace que las personas dejen de ser individuos y pasen a ser representantes de algún grupo: los vagos, los frívolos, los vulgares; los hippies, los bohemios, los ricos, los burgueses; los blancos, los negros, los orientales; los judíos, los católicos, los musulmanes.

¿Cómo podemos reconocer nuestra propia sombra, para reapropiárnosla?

  • Observar qué personas o roles o situaciones nos despiertan extrema irritación, o gran admiración. Preguntarnos en qué medida esos rasgos que nos molestan (o nos deslumbran) viven en nosotros. Tener en cuenta que los rasgos rechazados solo se han vuelto oscuros y ajenos por obra de la represión.
  • Escribirle una carta a la persona que nos irrita, detallando todo lo que su forma de ser nos provoca, en forma explícita y sincera. Al terminar, cambiar el encabezado, y dirigimos la carta a nosotros mismos.
  • Practicar la auto-aceptación radical. Es importante entender que todos albergamos un amplio espectro de emociones e impulsos, y que somos libres de elegir cuáles de ellos actuamos en el mundo. Si podemos observarlas y hacerles lugar en nuestra conciencia, sin juicio y con compasión, las cualidades rechazadas nos enseñarán acerca de nosotros mismos y perderán su cualidad oscura.
  • En el caso de la coach y el maestro del comienzo, poder reconocer la dificultad para manejar las propias finanzas, y la inseguridad, respectivamente, solo haría de ellos líderes más humanos, auténticos y compasivos. Integrar nuestra sombra es un acto de generosidad para con nosotros mismos y nuestro entorno, ya que aquello que desconocemos nos posee y actúa por nosotros, sin el beneficio de la conciencia.

“Tienes que tener tanto una sombra como una fuente de luz” -escribe el místico Rumi, siempre dado a los buenos consejos, e invita-: “Escucha, y reposa tu cabeza bajo el árbol del recogimiento.”

Columna publicada en el diario La Nación, el 6 de diciembre de 2017.