Por un nuevo comienzo

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En lugares remotos del corazón

que tus pensamientos nunca visitan

este comienzo ha estado gestándose silenciosamente,

esperando hasta que estuvieras listo para emerger.

 

Por largo tiempo ha observado tu deseo,

sintiendo cómo el vacío crecía en tu interior,

viendo cómo te obligabas a seguir

sin poder dejar atrás todavía

lo que te quedaba chico.

 

Te observé jugar con la seducción de la seguridad

y las promesas grises que esa misma rutina susurraba.

Escuché las olas del descontento

que subían y bajaban,

preguntándome si siempre vivirías así.

 

Luego la alegría cuando tu coraje se encendió

y saliste a un nuevo territorio,

tus ojos nuevamente jóvenes con sueños y energía,

un camino de plenitud abriéndose a tus pies.

 

Aunque tu destino es incierto

puedes confiar en la promesa de esta apertura.

Despliégate en la gracia del comienzo

que es uno con el deseo de tu vida.

 

Despierta tu espíritu a la aventura.

No te guardes nada,

aprende a encontrar tranquilidad

en el riesgo.

Pronto estáras cómodo en un nuevo ritmo

porque tu alma presiente

el mundo que te espera.

 

John O’Donohue

Traducción: Fabiana Fondevila

Como el aire, me levanto

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Puedes inscribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aplastarme en el barro
y aun así, como el polvo… me levanto.

¿Mi descaro te molesta?
¿Por qué estás ahí, apesadumbrado,
porque camino
como si tuviera pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa?

Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas saltando alto,
así… me levanto.

¿Me quieres ver destrozada
cabeza gacha y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por el llanto de mi alma?

¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
solo porque río como si tuviera minas de oro
excavándose en el fondo de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aun así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?
¿Te sorprende que yo baile
como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia
me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos de mis ancestros.
Soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.

Maya Angelou

(Traducción: Fabiana Fondevila)

A cielo abierto

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La mariposa agita sus enaguas

al viento

y dura apenas nada,

y su brevedad

solo ahonda el embrujo.

La tortuga,

emperatriz de piedra,

hace alarde de paz en un rincón,

sin pedir perdón

ni permiso.

El ciruelo entona sus frutos

con tesón de abuelo.

No importa cuánto lo apuren,

su regalo siempre llega

a tiempo.

El pasto arremete,

impulsado por savia fervorosa.

Hijo del barro y las estrellas,

sabe ser puente

entre los mundos.

A cielo abierto

no hay atajos, no hay apremio.

No hay ruegos de eternidad

ni atisbos de amargura.

Solo un viaje de siglos o segundos

por inciertos paisajes,

el corazón borracho

de aventura

diciendo sí,

sí, y otra vez

sí.

No conozco esa gracia todavía.

Pero abro los ojos

y aprendo.

Fabiana Fondevila

 

 

Oración escolar

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En el nombre del alba

y los párpados de la mañana

y la luna nómade

y la noche cuando parte.

 

Juro que no deshonraré

mi alma con odio,

sino que me ofreceré humildemente

como una guardiana de la naturaleza

una sanadora de la pena,

una mensajera del asombro,

una arquitecta de la paz.

 

En el nombre del sol y sus espejos

y del día que lo abraza

y de los velos de nube que lo cubren

y de la noche más lejana,

y del macho y de la hembra

y de las plantas rebosantes de semillas

y de las estaciones que coronan,

de la luciérnaga y la manzana.

 

Honraré a toda la vida

—donde sea y en cualquier forma

que se presente—en la Tierra, mi casa,

y en la mansión de las estrellas.

 

Diane Ackerman

 

Traducción: Fabiana Fondevila

Casi juicio final

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Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo: He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: clara luna volvedora y las mejillas que apetece el amor.
He conmemorado con versos las ciudad que me ciñe y los arrabales que me desgarran.
He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre.
A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mis sueños he exaltado y cantado.
He sido y soy.
He trabado en firmes palabras mi sentimiento que pudo haberse disipado en ternura.
El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón. Como el caballo muerto que la marea inflige en la playa, vuelve a mi corazón.
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna.
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona?

Jorge Luis Borges

Argentina (1899-1986)

Recibir la paz

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Mañana silvestre,

las heridas de la noche duelen aún.

Pero el sol entre las ramas llama a otra cosa:

Abandona todo refugio.

Entrega las armas.

Olvida tus nociones del bien y del mal

y haz silencio.

Hay una voz más simple

que tus argumentos.

Navega la mañana.

Recibe la paz.

 

Fabiana Fondevila

Foto: Miriam Pösz

Allá la noche

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Cae la tarde sobre el sauce de la vereda.

Torrentes de claroscuro tiñen la tela.

Pero es tan suave el trazo,

tan leve el pincel,

que la luz

solo deja estelas

a su paso.

 

De pronto, se acelera.

Un instante nomás y las copas ya rozan 

la cabellera de la noche.

 

Afuera, bailan los elementos.

Adentro, suspiro,

dividida del universo

por tan simple geometría.

 

Yo y mis libros, mis letras,

mi torpe letanía.

Yo y mi sueño de hojas,

de estrellas, de luna fría.

 

Mi rostro en la ventana

se funde con las ramas.

Insólita confluencia,

¿quién lo diría?

 

La noche y su soledad,

tan cerca de la mía.

 

Fabiana Fondevila

Foto: Miriam Pösz