El regalo del asombro

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“Hay una cosa que sé, la más antigua y la más salvaje: el alma existe, y está hecha enteramente de atención.” Esto dice Mary Oliver, la gran poeta naturalista, y con tan pocas palabras nos recuerda lo esencial: que no es necesario viajar al espacio para descubrir el misterio del universo, ver el Taj Majal para recordar que el amor es todo lo que necesitamos, ni presenciar un milagro para saber que todo es milagroso.

La vida abunda en oportunidades para despertar al asombro. Pero, salvo muy de vez en cuando, el asombro no es una emoción explosiva, que nos sacuda y nos obligue a despertar de golpe. Para poder ser atravesados y transformados por esta cualidad es necesario volvernos permeables a su influjo.

A veces, basta con gestos pequeños. Levantar los ojos al cielo al caminar por la calle. Detenernos ante lo pequeño. Absorber a conciencia una frase dicha con intención amorosa. Otras veces, cuando la rutina parece estar ganando la batalla y no logramos vislumbrar más que el próximo ítem en la agenda, se hace necesario parar, volver la mirada hacia adentro y repautar con nosotros mismos.

¿Qué es lo que verdaderamente nos importa, nos conmueve, nos significa? ¿Qué sueño atesorado en la infancia o en la juventud perdimos de vista por el camino? ¿Por qué andamos por la vida semidormidos, cuando todos nos llama a despertar?

De eso tratará el encuentro que tendremos este domingo, en la bella Casa Terrero. Será una exploración de cuerpo entero: comenzaremos por los sentidos. Seguiremos por la voz. Daremos lugar al movimiento. Apelaremos a la imaginación. Iremos al encuentro del cielo, los pájaros, los árboles. Y por último, que es lo mismo que primero (ya que los caminos se encuentran en el medio), llevaremos lo vivido al corazón, para que su inteligencia única lo procese y nos lo ofrezca de vuelta cada vez que lo necesitemos. .

Ojalá puedan sumarse a compartir la experiencia!

https://madmimi.com/s/ddde76

Para cerrar el convite, una vez más, la poeta:

“Instrucciones para vivir la vida:

Prestar atención.

Rendirse al asombro.

Contarlo”.

(Mary Oliver)

Así sea!

Los gansos salvajes

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No tienes que ser bueno.
No tienes que recorrer el desierto arrodillado,
arrepintiéndote.
Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo
ame lo que ama.
Cuéntame de tu dolor, yo te contaré del mío.
Mientras tanto, el mundo sigue.
Mientras tanto, el sol y los guijarros claros de la lluvia
se desparraman sobre los paisajes,
sobre las praderas y los árboles profundos,
las montañas y los ríos.
Mientras tanto, los gansos salvajes, allá arriba en el límpido aire azul,
están volviendo a casa.
Quienquiera que seas, no importa cuán solo te sientas,
el mundo se ofrece a tu imaginación,
te llama como la voz de los gansos salvajes, áspera y excitante,
anunciando, una y otra vez,
tu lugar en la familia de las cosas.

Mary Oliver

El asombro nuestro de cada día

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Una columna publicada hoy en Vivir Agradecidos, el sitio que transmite las enseñanzas del Hermano David Steindl-Rast en la Argentina y aboga por la gratitud como forma de vida. Se las comparto, con el deseo que puedan también hallar placer y sosiego en estas pequeñas instancias de la vida diaria que nos señalan más allá de sí mismas.

http://www.viviragradecidos.org/el-asombro-nuestro-de-cada-dia/

Por qué me levanto temprano

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Hola, sol en mi cara.
Hola, tú que hiciste la mañana,
y la esparciste sobre los campos,
y en las caras de los tulipanes,
y en las campanas violetas
de la enredadera, que sacuden sus cabezas-

y en las ventanas, incluso,
de los afligidos y los malhumorados.

mejor predicador que jamás existió,
querida estrella, que justo resulta estar
donde está en el universo
para mantenernos a salvo de la oscuridad
para aliviarnos con su toque cálido
para sostenernos con sus grandes manos de luz –
buen día, buen día, buen día.

Mira, ahora, cómo empiezo el día
con alegría, con bondad.

Mary Oliver

Mensajera

Frank Rumpenhorst, afp, getty images

Mi trabajo es amar al mundo,
Aquí los girasoles, ahí el colibrí –
ambos buscadores de dulzura.
Aquí la levadura que fermenta, allí las ciruelas azules,
Aquí la almeja en la arena moteada.

¿Son viejas mis botas? ¿Es andrajoso mi tapado?
¿Ya no soy joven, y aun ni medianamente perfecta? Déjame
concentrarme en lo que cuenta,
que es mi trabajo,

que es, más que nada, quedarme quieta y aprender a
sentir el asombro.

El laurel, la azucena,
Las ovejas en el campo, y el campo.
Que es más que nada celebrar, ya que todos los ingredientes están,

que es la gratitud, por ser dada una mente y un corazón
y estas ropas-cuerpo,
una boca con la que dar gritos de júbilo
a la polilla y al gorrión, a la adormecida almeja,
diciéndoles, una y otra vez, cómo es
que vivimos para siempre.

Mary Oliver

Estados Unidos (1935)

Foto: Frank Rumpenhorst, AFP-Getty Images.