Canto inuit

amanecer Miri

Y recordé una vez más

mis pequeñas aventuras

mientras el viento de la costa me llevaba

mar adentro en mi kayak

y sentía el peligro.

 

Mis lágrimas,

esas pequeñas que pensé tan grandes

por todas las cosas vitales

que tenía que lograr y conseguir.

 

Y sin embargo, hay solo

una cosa grande.

La única cosa.

Vivir para ver, en chozas y en travesías,

el gran día que amanece,

y la luz que llena el mundo.

 

Canto tradicional del pueblo Inuit
Traducción: Fabiana Fondevila

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Por un nuevo comienzo

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En lugares remotos del corazón

que tus pensamientos nunca visitan

este comienzo ha estado gestándose silenciosamente,

esperando hasta que estuvieras listo para emerger.

 

Por largo tiempo ha observado tu deseo,

sintiendo cómo el vacío crecía en tu interior,

viendo cómo te obligabas a seguir

sin poder dejar atrás todavía

lo que te quedaba chico.

 

Te observé jugar con la seducción de la seguridad

y las promesas grises que esa misma rutina susurraba.

Escuché las olas del descontento

que subían y bajaban,

preguntándome si siempre vivirías así.

 

Luego la alegría cuando tu coraje se encendió

y saliste a un nuevo territorio,

tus ojos nuevamente jóvenes con sueños y energía,

un camino de plenitud abriéndose a tus pies.

 

Aunque tu destino es incierto

puedes confiar en la promesa de esta apertura.

Despliégate en la gracia del comienzo

que es uno con el deseo de tu vida.

 

Despierta tu espíritu a la aventura.

No te guardes nada,

aprende a encontrar tranquilidad

en el riesgo.

Pronto estáras cómodo en un nuevo ritmo

porque tu alma presiente

el mundo que te espera.

 

John O’Donohue

Traducción: Fabiana Fondevila

A cielo abierto

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La mariposa agita sus enaguas

al viento

y dura apenas nada.

Su brevedad

solo ahonda el embrujo.

 

La tortuga,

emperatriz de piedra,

hace alarde de paz en un rincón.

No pide permiso,

no pide perdón.

 

El ciruelo madura sus frutos

con tesón de abuelo.

No importa cuánto lo apuren,

su regalo siempre llega

a tiempo.

 

Arremete el pasto

con savia fervorosa.

Hijo del barro y las estrellas,

sabe ser puente

entre los mundos.

 

A cielo abierto

no hay atajos, no hay apremio.

No hay ruegos de eternidad

ni atisbos de amargura.

Solo un viaje de siglos o segundos

por inciertos paisajes,

el corazón borracho

de aventura

diciendo sí,

sí, y otra vez

sí.

No conozco esa gracia todavía.

Pero abro los ojos

y aprendo.

 

Fabiana Fondevila

 

 

Buen viaje, maestro

El domingo 17 de enero partió Stephen Levine, amado maestro de tantos, quien compartió junto a su compañera Ondrea un vínculo que hizo escuela. Era hermoso saberlos ahí, recluidos en su casa de montañas y silencio, ejerciendo ese difícil arte: el amor incondicional. Lo sabía enfermo desde hace rato, pero algunas personas se hacen sentir eternas. Esto dijo él de su práctica diaria con Ondrea, a la que dedicó un libro (Abrazando al Amado): “Cuando uno se compromete con prácticas que aclaran la mente y descubren el corazón -la presencia, el perdón, el amor incondicional- aquello que alguna vez pareció imposible de abordar bien puede convertirse en el centro mismo de la relación”.
Maestro de la compasión, la meditación, el arte de morir, y sobre todo el arte de vivir, deja un legado exquisito. Lo recuerdo con una poesía y un artículo, que dejan en claro a qué bandera dedicó su vida.

Mis reverencias para Ondrea y su dolor, que sabrá convertir en regalo. 
Para el maestro, mi gratitud. Que el viaje sea dulce.stephenandondrea-730x400

Oración escolar

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En el nombre del alba

y los párpados de la mañana

y la luna nómade

y la noche cuando parte.

 

Juro que no deshonraré

mi alma con odio,

sino que me ofreceré humildemente

como una guardiana de la naturaleza

una sanadora de la pena,

una mensajera del asombro,

una arquitecta de la paz.

 

En el nombre del sol y sus espejos

y del día que lo abraza

y de los velos de nube que lo cubren

y de la noche más lejana,

y del macho y de la hembra

y de las plantas rebosantes de semillas

y de las estaciones que coronan,

de la luciérnaga y la manzana.

 

Honraré a toda la vida

—donde sea y en cualquier forma

que se presente—en la Tierra, mi casa,

y en la mansión de las estrellas.

 

Diane Ackerman

 

Traducción: Fabiana Fondevila

Recibir la paz

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Mañana silvestre,

las heridas de la noche duelen aún.

Pero el sol entre las ramas llama a otra cosa:

Abandona todo refugio.

Entrega las armas.

Olvida tus nociones del bien y del mal

y haz silencio.

Hay una voz más simple

que tus argumentos.

Navega la mañana.

Recibe la paz.

 

Fabiana Fondevila

Foto: Miriam Pösz

Alma se tiene a veces

Así retrata el alma Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura de 1996, y figura inusual en el mundo literario. Carente de pretensiones y sincera hasta el asombro, su respuesta favorita a las preguntas de la prensa siempre fue: “No sé”.

Su poesía refleja una fusión encantadora de inocencia y madurez, optimismo e ironía, realismo y vuelo. Aquí, su descripción de esa visitante fugaz que tan bien nos hace cuando aparece, y que nunca permanece todo lo que quisiéramos. 1328129907_122688_1328130866_noticia_normal Sigue leyendo