Alumbramientos

dsc_0270r

Tras un invierno que se rehúsa a partir, la primavera llegó este año como una explosión de fuegos de artificio. El frío perdura, amenazando la vida de los capullos, pero la savia no se da por enterada y arremete, pariendo hojas, brotes y proyectos de flor por donde se mire.

Son días en que duele estar entre paredes y toda excusa es buena para una vuelta más. El desfile arranca temprano. El alba –o ese lapso incierto antes de que la luz se explaye- paga con creces la inversión de esfuerzo en dejar la cama. A esa hora los pájaros ensayan sus páginas más virtuosas y andan más cerca, más desprevenidos, no habiendo sufrido aún el insulto de frenadas y bocinazos.

Al rato empieza la fiesta del sol, que se derrama hasta por las alcantarillas y hace saltar una octava a los colores. Debería haber un nombre para el tono de las hojas de roble recién nacidas (¿existe el ‘verde retoño’? Si existe, le pertenece). Otro para el brillo de la hiedra al mediodía, ese que siempre trae a la mente la expresión “dorado a la hoja”. Y una palabra, también, solo en versión femenina, para el rosa amanecer de las flores de álamo.

Por allá los tilos ya se desperezan. Se adivina en el ramillete de medias hojas el contorno de las hélices que transportarán a las semillas en su viaje al suelo, el día en que las flores se agoten. Cuesta creer que en cuestión de semanas esas flores que hoy no se adivinan harán su propia magia. Por dos semanas, acaso tres, desafiarán al más ensimismado a pasar a su lado sin mirar hacia arriba. Por un instante, al menos, el cabizbajo deberá soltar el hueso que viene masticando –aquel vago temor, aquella pelea- y hacer lugar a pensamientos perfumados.

Hoy no están las flores de tilo pero sí los jazmines, sí los azahares. Caminar es buscarlos con el olfato, como quien otea cada esquina en busca del amado. Y aquí la gloria: no se hacen esperar. Desde que empieza su área de influencia hasta que termina, todo es dicha. Dicha de fruta madura, dicha de golpe de suerte, dicha de feriado. Sabemos que esta dicha no nos cambiará la vida pero, mientras dure, nos hará mirarla con otros ojos.

Demasiado pronto llegan las sombras de la tarde, los frescos de la noche. Y empieza una función distinta. La filigrana de las ramas contra el cielo oscuro, el primer tintineo de estrellas, la luna con su ajuar de turno. Es la hora de los grillos, por supuesto. La noche nació para tener música de fondo.

A medida que oscurece las casas empiezan a transparentar la intimidad de los vecinos, esa que ni se nos ocurre mirar a la luz del día. Y es todo una sinfonía de claroscuros: charcos de luz bajo cada farol, negro tinta en los rincones, los faros de algún avión cortando la penumbra y, más acá, el simulacro de bosque que son los árboles a medianoche.

No sé quién fue la primera persona en soñar el paraíso, pero una cosa es segura. Era primavera.

Fabiana Fondevila

Buen viaje, maestro

El domingo 17 de enero partió Stephen Levine, amado maestro de tantos, quien compartió junto a su compañera Ondrea un vínculo que hizo escuela. Era hermoso saberlos ahí, recluidos en su casa de montañas y silencio, ejerciendo ese difícil arte: el amor incondicional. Lo sabía enfermo desde hace rato, pero algunas personas se hacen sentir eternas. Esto dijo él de su práctica diaria con Ondrea, a la que dedicó un libro (Abrazando al Amado): “Cuando uno se compromete con prácticas que aclaran la mente y descubren el corazón -la presencia, el perdón, el amor incondicional- aquello que alguna vez pareció imposible de abordar bien puede convertirse en el centro mismo de la relación”.
Maestro de la compasión, la meditación, el arte de morir, y sobre todo el arte de vivir, deja un legado exquisito. Lo recuerdo con una poesía y un artículo, que dejan en claro a qué bandera dedicó su vida.

Mis reverencias para Ondrea y su dolor, que sabrá convertir en regalo. 
Para el maestro, mi gratitud. Que el viaje sea dulce.stephenandondrea-730x400

El lugar indicado

69060_f4f1b107e05b691b55fbc44e8ae69a67_large

De Sam Keen, lúcido y provocador filósofo contemporáneo:

“He llegado a sentir sospecha de cualquier religión o forma de terapia que se centra exclusivamente en cultivar la vida interior o salvar el alma, y no incluye una celebración de los sentidos, una visión ecológica, y un interés en la justicia social. Podemos aspirar a cuidar y transformar este mundo sólo si confiamos en que el espíritu está encarnado en carne y tierra. Este mundo es nuestro hogar. Estamos en el lugar indicado”

¿Podemos recuperar lo sagrado?

657558_bdbc2813963e99e9f7a0e5b6d4e30257_large

De haber vivido en aquellos días, habrías saludado al sol que asoma entre las montañas con una reverencia. Apenas hubiera luz suficiente habrías salido a recoger frutos para el desayuno, y antes de arrancarlas de la rama, le habrías pedido permiso al árbol. A la hora de la caza, habrías participado en rituales expiatorios. Al dar muerte a la presa, hubieses derramado su sangre sobre la tierra, pidiendo que su energía brotara nuevamente en el cuerpo de otros animales. Al entregarte al sueño por la noche, las últimas palabras de tu boca habrían sido de alabanza. Alabanza y gratitud, para la fuente de esa riqueza que nutrió y acompañó cada instante de tu día. Sigue leyendo

Dame la maga fiesta

sunset_over_mountains-2497

Del gran Pablo, una oda a los milagros que se ofrecen, sin distinción y sin medida, a todo aquel que osa mirarlos. Un despertar hecho de palabras, de enamoramiento y de disfrute. Que sus ojos de comunión los acompañen.

“Dios —¿de dónde sacaste para encender el cielo

este maravilloso crepúsculo de cobre?

Por él supe llenarme de alegría de nuevo,

y la mala mirada supe tornarla noble.

 

Entre las llamaradas amarillas y verdes

se alumbró el lampadario de un sol desconocido

que rajó las azules llanuras del oeste

y volcó en las montañas, sus fuentes y sus ríos.

 

Dame la maga fiesta, Dios, déjala en mi vida,

dame los fuegos tuyos para alumbrar la tierra,

deja en mi corazón tu lámpara encendida

y yo seré el aceite de su lumbre suprema.

 

Y me iré por los campos en la noche estrellada

con los brazos abiertos y la frente desnuda,

cantando aires ingenuos con las mismas palabras

que en la noche se dicen los campos y la luna.”

 Pablo Neruda

 Chile, 1904-1973

Una gran sinfonía

angeles con amarillo ch

¿Alguna vez tuviste la sensación de que tu vida se va escribiendo sola, casi sin tu intervención, y que los puertos de destino (aun sin conocerlos) parecen haber estado prefijados en algún mapa invisible?

Tras investigar los mitos ancestrales de la humanidad, y observar el desarrollo de tantas vidas, Joseph Campbell advirtió lo mismo. Así lo cuenta en sus diálogos con el periodista Bill Moyers, reunidos en el libro “El poder del mito”:

“En su espléndido ensayo titulado Sobre la aparente intención en el destino de un individuo, Schopenhauer señala, que cuando uno llega a una edad avanzada y mira hacia atrás, su vida parece haber tenido un orden y un plan consistente, como si hubiera sido compuesta por un novelista. Sucesos que al ocurrir parecieron accidentales y de poca importancia resultan haber sido factores indispensables en la composición de una trama consistente. ¿Quién compuso esa trama? Schopenhauer sugiere que, así como nuestros sueños son compuestos por un aspecto de uno mismo del que la propia consciencia no tiene noticias, así también, nuestra vida entera es compuesta por una voluntad oculta en nuestro interior. Y así como personas que conociste de manera aparentemente accidental terminaron por convertirse en agentes protagónicos de tu vida, vos también habrás servido sin saberlo como agente, brindando sentido a las vidas de otros. Todo se engrana como una gran sinfonía, con cad cosa estructurando inconscientemente todo lo demás. Schopenhauer concluye que es como si nuestras vidas fueran las distintas pinceladas del gran sueño de un gran soñador, en el que todos los soñantes sueñan a su vez; de forma que todo está vinculado, movido por la gran voluntad de vivir que es la voluntad universal de la naturaleza.

Es una idea magnífica, una idea que aparece en la India con la imagen mítica de la Red de Indra, que es una red de gemas en la que, en cada hilo que se entrecruza con otro, hay una gema que refleja a todas las demás gemas. Todo nace en relación mutua con todo lo demás, de manera que uno no puede culpar a nadie por nada. Es como si hubiera una única intención detrás de todo, que siempre tiene una suerte de sentido, aunque ninguno de nosotros sepa cuál es ese sentido, ni haya vivido exactamente la vida que tenía planeada.”

¿Cuál podría ser ese argumento que tu vida ha ido dibujando, mientras te ocupabas diligentemente de tantas otras cosas? ¿Quiénes fueron los agentes protagónicos de ese destino que aguardaba para sorprenderte?

¿Qué clase de mito has sido dibujando, y cuál espera aun tu atención para desplegarse a pleno?

Puede que los grandes mitos universales se hayan resquebrajado bajo el peso de la modernidad, el choque de culturas, la visión cientificista de la vida. Pero a un nivel profundo, subterráneo, seguimos siendo animales míticos. La diferencia está en que los mitos son hoy, en gran medida, íntimos y personales.

Y así como hay una trama invisible, en la que todo ocurre como por designio, es posible conectar conscientemente con la trama, y tocar las cuerdas que más nos representan. De una forma u otra, construiremos un mito. Podemos elegir encarnar el mito heredado de nuestros padres, de las vivencias de la infancia, de “lo que se espera de nosotros” según nuestras coordenadas geográficas y culturales. O podemos atravernos a escuchar otra melodía, o incluso a descubrirla, operando calladamente en nuestras vidas, y dibujar una historia de misterio donde solo había rutina, o una épica de amor o aventura donde se preanunciaba recato y monotonía. “Sigue tu pasión”, aconsejaba Campbell. Que es otra forma de decir: elige la verdadera trama de tu vida.

Fabiana Fondevila

Ilustración: patwasi