Plegaria

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Que podamos ser fieles a la alegría del cuerpo, cuya forma es el abrazo.
Que podamos dar cobijo, amparo, sustento. Palabra, caricia, reparo.
Que podamos albergar el miedo, la tristeza, el enojo, esos hijos huérfanos en busca de abrigo.
Que podamos celebrar a los que no están, porque ya nada puede quitárnoslos.
Que podamos decirnos lo indispensables que somos, unos para otros. Y como -aun sin tenernos-, nos tenemos.
Que podamos soltar lo que no pudimos, y ver la ternura en los intentos.
Que podamos perdonar y perdonarnos, como quien suelta una piedra a un río brioso, que fluye de todos modos.
Que podamos reconocer el amor que somos, aunque no lo sepamos y apenas lo expresemos.
Que podamos ver ese amor multiplicado en el gran prisma de corazones (los más cercanos, los más lejanos).
Que podamos vivir en el asombro, ya que sobran las razones:
porque el sol, porque la luna, porque nosotros.
Inmensos, minúsculos: uno.

F.F.

 

El regalo del asombro

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“Hay una cosa que sé, la más antigua y la más salvaje: el alma existe, y está hecha enteramente de atención.” Esto dice Mary Oliver, la gran poeta naturalista, y con tan pocas palabras nos recuerda lo esencial: que no es necesario viajar al espacio para descubrir el misterio del universo, ver el Taj Majal para recordar que el amor es todo lo que necesitamos, ni presenciar un milagro para saber que todo es milagroso.

La vida abunda en oportunidades para despertar al asombro. Pero, salvo muy de vez en cuando, el asombro no es una emoción explosiva, que nos sacuda y nos obligue a despertar de golpe. Para poder ser atravesados y transformados por esta cualidad es necesario volvernos permeables a su influjo.

A veces, basta con gestos pequeños. Levantar los ojos al cielo al caminar por la calle. Detenernos ante lo pequeño. Absorber a conciencia una frase dicha con intención amorosa. Otras veces, cuando la rutina parece estar ganando la batalla y no logramos vislumbrar más que el próximo ítem en la agenda, se hace necesario parar, volver la mirada hacia adentro y repautar con nosotros mismos.

¿Qué es lo que verdaderamente nos importa, nos conmueve, nos significa? ¿Qué sueño atesorado en la infancia o en la juventud perdimos de vista por el camino? ¿Por qué andamos por la vida semidormidos, cuando todos nos llama a despertar?

De eso tratará el encuentro que tendremos este domingo, en la bella Casa Terrero. Será una exploración de cuerpo entero: comenzaremos por los sentidos. Seguiremos por la voz. Daremos lugar al movimiento. Apelaremos a la imaginación. Iremos al encuentro del cielo, los pájaros, los árboles. Y por último, que es lo mismo que primero (ya que los caminos se encuentran en el medio), llevaremos lo vivido al corazón, para que su inteligencia única lo procese y nos lo ofrezca de vuelta cada vez que lo necesitemos. .

Ojalá puedan sumarse a compartir la experiencia!

https://madmimi.com/s/ddde76

Para cerrar el convite, una vez más, la poeta:

“Instrucciones para vivir la vida:

Prestar atención.

Rendirse al asombro.

Contarlo”.

(Mary Oliver)

Así sea!

Un año esencial

Taller anual 2015

Diez prácticas esenciales que iluminan el camino

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Los antiguos lo sabían: más allá de las circunstancias cambiantes de nuestras vidas, los designios de la suerte, el entorno y la biología, somos responsables en gran medida por la calidad de nuestros días. Todo lo que nos acontece nos invita a elegir una actitud, una forma de responder, de abrazar o repeler, resistirnos o aprender.

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Viaje a las estrellas

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La ciencia ficción tiene ese efecto. Sacude nuestra imaginación y la incita a vislumbrar mundos más vastos, vibrantes y plenos de posibilidades de los que a veces parece albergar la rutina cotidiana. ¿Cómo comparar la inmensidad insondable del espacio con las previsibles dimensiones del cuarto que hoy nos toca ordenar? ¿La complejidad de un agujero negro –y su antojadiza disrrupción del tiempo y el espacio- con la maraña de cuentas a pagar? ¿El misterio de los rincones remotos de la Vía Láctea con las impávidas góndolas del supermercado?

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Alma se tiene a veces

Así retrata el alma Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura de 1996, y figura inusual en el mundo literario. Carente de pretensiones y sincera hasta el asombro, su respuesta favorita a las preguntas de la prensa siempre fue: “No sé”.

Su poesía refleja una fusión encantadora de inocencia y madurez, optimismo e ironía, realismo y vuelo. Aquí, su descripción de esa visitante fugaz que tan bien nos hace cuando aparece, y que nunca permanece todo lo que quisiéramos. 1328129907_122688_1328130866_noticia_normal Sigue leyendo

El asombro nuestro de cada día

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Una columna publicada hoy en Vivir Agradecidos, el sitio que transmite las enseñanzas del Hermano David Steindl-Rast en la Argentina y aboga por la gratitud como forma de vida. Se las comparto, con el deseo que puedan también hallar placer y sosiego en estas pequeñas instancias de la vida diaria que nos señalan más allá de sí mismas.

http://www.viviragradecidos.org/el-asombro-nuestro-de-cada-dia/

Una cita con la mañana

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De tanto en tanto, se me da por envidiar a los nocturnos. Son de ellos ciertos placeres: las veladas eternas en compañía de amigos, horas insomnes que pasan como melaza, la luna que hipnotiza en el jardín, la cofradía de las estrellas. Pero siempre, por más que me tiente quedarme, sé que me debo ir, arrancarme del conjuro a la fuerza.

No es sólo el sueño el que convoca. Es una cita, un compromiso, un reencuentro diario al que no puedo faltar: el instante exacto en que la noche se entregará al día, en ese mismo jardín, de madrugada. Es la forma en que la mañana levantará el velo umbrío con mano firme, ungiendo a las hojas y los árboles y las esquinas oscuras con la promesa de la luz, aún líquida y borrosa, como un sueño que perdura.

Después la energía se precipitará y dará pie al desvelo: primero un sector de pasto, luego otro. Los campanas violetas del dondiego de día se abrirán, como un coro de soles. Los dientes de león se sacudirán el sueño, desperdigando semillas al viento. El canto de los pájaros cobrará vigor con el sol creciente. La calabaza, en la viña, se acercará un tono más al naranja. La lantana ostentará sin falsa modestia sus coronas rojo carmín.

Al fin, cuando la luz se acerque al cenit, llegarán las mariposas. Yo me sentaré, y las miraré, y, una vez más, me rendiré al asombro. Ellas no sabrán que estoy ahí, ni cuán felices me hacen; eso será parte del encanto. Ser testigo silencioso de ese despertar, tener ojos para ver y corazón para festejarlo, es -al decir de Emily Dickinson- todo lo que conozco del cielo. Más importante, es todo lo que necesito conocer.

Lantana

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